El USS Slater es más que un simple museo; es un hijo nacido en 1944, en Tampa, durante el fragor de la Segunda Guerra Mundial. Este barco, que costó una fortuna de unos 55 millones de dólares actuales, fue un pilar de la defensa, un escudo contra los torpedos, palpitante con motores y armamento tanto en la proa como en la popa. A través del paso del tiempo, el navío se embarcó en la guerra, sorteando la tormenta bajo el firme mando de un joven de 22 años llamado Frank Olga Slater. Su nombre fue otorgado al barco como un tributo de posguerra, en conmemoración de sus heroicos actos en Guadalcanal.
Este barco se unió a uno de los 580 destructores de escolta construidos por la Armada, clase tras clase, para la nueva guerra de Estados Unidos y destinados a reemplazar a los que perdimos. A diferencia de algunos de sus compañeros, el USS Slater resistió la guerra y, cuando los enfrentamientos cesaron, fue comisionado cuatro veces - dos veces con la Armada de los Estados Unidos y dos veces con la Armada Helénica, rebautizado con un nuevo nombre tras haber sido donado por Estados Unidos bajo la Doctrina Truman. Navegando para Grecia después de siete años de servicio, sirvió durante más de veinte años como Aetos, la palabra griega para águila, y como barco de entrenamiento para cadetes navales.
Esto continuó hasta su tercera desincorporación, cuando la mayor parte de su equipo fue entregado a los griegos - excepto los radares, demasiado avanzados para ellos. En su lugar, se lo entregaron a los marineros de destructores de escolta que habían servido en él mientras estuvo en servicio griego. Fue en 1991 cuando lo recibieron. La Armada de los Estados Unidos lo transportó a través del Atlántico. Seis años después, un remolcador ruso lo trajo de vuelta a Albany. Como parte de su restauración, el interior de todo el barco fue recreado, en exactamente la misma configuración, por los hombres de la marina que alguna vez navegaron en él.
Es la única nave de su clase que conserva aún su configuración original. Se encuentra en el 141 de Broadway, donde se puede visitar ahora. Aunque hoy es un museo, sigue siendo un barco, con sus calderas prometiendo resonar de nuevo con el rugido de la vida y todos sus cañones gemelos y sencillos listos y esperando. En comparación con mediados de la década de 1940, es posible que los motores hagan un poco más de ruido, pero aparte de eso, no hay mucha diferencia. Un barco museo, atracado en el 141 de Broadway, que aún palpita con la impaciencia por el inicio de la batalla más grande.
Si me preguntas a mí, este fue un final fitting para una leyenda como esta. Frank Olga Slater, el hombre por el que el barco lleva su nombre, no llegó tan lejos. Cayó en Guadalcanal con solo 22 años. Dado su nombre, un barco y una historia, quizá viva de alguna manera.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por No Other
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