Enclavado en el corazón del oasis de Dakhla, el aparentemente modesto templo de Deir el-Hagar evoca la imagen de una antigua tumba. Sin embargo, no se deje engañar; esta estructura se remonta al reinado del emperador Nerón. Emperadores posteriores, como Vespasiano, Tito y Domiciano, también dejaron su huella, pues Domiciano añadió mosaicos y Tito introdujo escaleras y nuevas puertas. Curiosamente, el templo cuenta con inscripciones dedicadas a cuatro emperatrices. Este templo incluso fue objeto de renovaciones por parte de emperadores romanos en el tercer milenio.
Escondido entre el yeso de piedra caliza preservado que se observa en el mapa de Gardner y Wilkinson de 1825, Deir el-Hagar ofrece una fascinante mirada a la antigua Roma. El templo, que mide 7,3x16,2 metros, aunque compacto, es una de las estructuras romanas más completas del oasis de Dakhla. La entrada principal se encuentra en el muro oriental, con otra en el lado sur. El templo parece haber cumplido funciones más allá de las ceremonias religiosas, ya que restos de otras estructuras lo rodean.
Las inscripciones tempranas, que aún son visibles en las columnas y los muros, datan del siglo XIX, lo que sugiere que los niveles de arena eran elevados en aquella época.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por Friendly Jane
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