Para observar el desmoronamiento del uranio, era necesario descender muy profundo bajo la tierra, donde no llegarian los rayos cósmicos. Por eso en 1940 los físicos soviéticos utilizaron los espacios auxiliares de la nueva estación de Dinamo para sus experimentos.
No es el único caso. Por ejemplo, durante los años 70, varios túneles del metro fueron convertidas en plantaciones para investigar la posibilidad de cultivar hongos en condiciones extremas. De acuerdo con otra hipótesis, los hongos eran necesarios para producir medicamentos. En los años 90 los experimentos fueron cesados, el equipo removido y los túneles conservados.
Escrito por Nik Frost
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