En lo profundo del campo de Languedoc, la antigua Abbaye Sainte-Marie de Villelongue se erige hoy como una ruina. Fue la primera abadía cisterciense de la región, fundada por un monje francés entre 1145 y 1149. Durante varios siglos, la abadía floreció hasta que entró en decadencia durante las epidemias de peste del siglo XIV. La iglesia del espíritu cisterciense fue reconstruida a mediados del siglo XIII y las obras continuaron hasta el principio del siglo XIV.
Durante este periodo, la iglesia experimentó varias extensiones y elevaciones, con una serie de añadidos a la estructura. Un ejemplo notable es la quesería de la abadía, todavía visible hoy, construida hacia el siglo XV. Los protestantes saquearon la abadía en 1568, pero no fue destruida por completo. Fue confiscada por los revolucionarios en 1791 y, más tarde, se vendió como propiedad nacional a un adinerado médico de Saissac, Guillaume Boussac, quien la convirtió en una finca agrícola.
Hoy en día, el lugar se divide en dos partes: la abadía abierta al público y un grupo de viviendas en el emplazamiento de la antigua residencia abacial, conocida como las ruinas de la abadía. El claustro, que resulta particularmente impresionante, está adornado con esculturas típicas del estilo gótico meridional de Languedoc de los siglos XIII y XIV. Un detalle digno de mención en el claustro es la presencia de una escultura de una cabeza de demonio en una de las esquinas. Según los monjes, esto estaba prohibido por la regla de San Benito para evitar distraer a los monjes durante la oración, ya que va en contra de la tradición cisterciense.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por Nicolo Ciampini
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