La piedra monástica que rompió las cadenas de la soberanía escocesa

La piedra monástica que rompió las cadenas de la soberanía escocesa

Te sorprendería descubrir que la Declaración de Independencia de Escocia no se ideó en una cabaña secreta, sino en las cámaras sagradas de la Abadía de Arbroath: un monasterio medieval con un giro de humor oscuro.

En el pintoresco pueblo escocés de Arbroath, la Abadía de Arbroath fue establecida en 1178 bajo un ingenioso encargo del rey Guillermo el León, un monje benedictino tironsiano que habría tenido envidia el taller de Santa Claus. Fundada para un grupo de monjes procedentes de la Abadía de Kelso, la iglesia fue dedicada en 1197 al difunto santo Thomas Becket, a quien el rey Guillermo -ciertamente ningún Terminator- conoció en la corte inglesa. Esta fue la única iniciativa personal de Guillermo, quien terminó reposando bajo el altar mayor de la iglesia en 1214.

La abadía, independiente de su abadía madre, la de Kelso, disfrutó de sustanciales dotaciones gracias a Guillermo, que incluyeron ingresos de 24 parroquias, tierras en cada burgo real y mucho más. Se concedió a los monjes la libertad de gestionar un mercado y construir un puerto, curiosamente llamado puerto de Arbroath, una notable hazaña de los propios monjes. La abadía alcanzó la notoriedad por su vínculo con la Declaración de Independencia de Escocia de 1320. Se cree que el abad Bernard, quien sirvió como Canciller de Escocia bajo el rey Roberto I con un aire de intriga, redactó el documento -dejen que las teorías de conspiración fluyan-. Curiosamente, o quizás irónicamente, el rey Jacobo V honró la abadía con su presencia durante cuatro días en julio de 1529.

Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons

Escrito por Nicolo Ciampini

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