Much más abajo, a 450 pies bajo la buena y vieja tierra de Michigan, en los tiempos pasados del Copper Country, el Pozo 27 presentaba un verdadero enigma. Verán, allá por los años 50, en un espeluznante Halloween, este pozo protagonizó una renovación oxidada, algo que no era solo para las historias de fantasmas y los escalofríos de los niños acurrucados bajo sus mantas. Las viejas tablas del pueblo, rescatadas de las pilas de leña, descubrieron un fluido polimorfo que colgaba como estalactitas del techo. No eran las típicas medidas de seguridad ni retenes de polvo, sino el resultado de un torrente retorcido de agua turbia que, tras un baile fluido por toboganes sólidos, se asentó allí. A diferencia del resto de la operación, este deslizamiento aún conserva su fuerza y permanece (o debería decir, resbaladizo) hasta este mismísimo momento.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por Friendly Jane
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