Amaya, situada en el municipio del mismo nombre en la provincia de Burgos, España, fue en su día el hogar de un asentamiento celta prerromano. Ubicada estratégicamente con vistas al valle del río Odra, Amaya fue la capital del Ducado de Cantabria, el núcleo de un próspero reino celta que perduró casi un milenio. Sin embargo, estuvo sujeta a saqueos repetidos por parte de ejércitos romanos, visigodos y árabes. Hoy en día, Amaya se recuerda como un obispado históricamente efímero, al que la Iglesia Católica le ha concedido el título de sede titular.
El nombre de origen indoeuropeo Amaya, que significa «ciudad madre» o «madre», fue habitado por las tribus celtas cantabrias. Estas desempeñaron un papel decisivo en las guerras cántabras durante la conquista romana de Hispania, con Musaa ibn Nusair y Taric liderando sus respectivas fuerzas para saquear Amaya, este último en el año 714. Pedro, el dux provincial, dirigió a su pueblo hacia las montañas circundantes tras el ataque de la guarnición berbere sobre Amaya ese mismo año. Amaya formó parte de los esfuerzos de repoblación del Reino de Asturias en la región fronteriza de Bardulia, durante el reinado de Ordoño I de Asturias (850-866).
La ubicación estratégica de Amaya desempeñó un papel crucial durante la Reconquista. En la actualidad, se presenta como un tranquilo pueblo, testimonio del auge y la caída del antiguo reino celta que gobernó en estas tierras.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por Nicolo Ciampini
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