En el corazón de San Bartolomé de Tirajana, en la encantada isla de Gran Canaria, se halla la Necrópolis de Arteara. Este antiguo yacimiento funerario, adornado con 800 montículos de piedra, fue tallado con las propias rocas de la tierra. Cada cista, un lugar de descanso en forma de caja, servía como cámara funeraria, a menudo decorada con una superestructura o torreón que adoptaba diversas formas como cónicas, piramidales, circulares o rectangulares. Ocultadas en este valle, estas tumbas custodian los lugares de descanso eterno de los antepasados canarios que florecieron hace tanto tiempo.
Los habitantes del Barranco de Fataga han seguido venerando y preservando este sitio sagrado durante mucho tiempo, incluso después de la conquista castellana. Hace 2300 años, el lugar fue testigo de extraordinarios eventos astronómicos, como el equinoccio de primavera en marzo, cuando el sol iluminaba con elegancia la depresión en forma de U dentro del Macizo de Amurga, bañando de luz una sepultura conocida como El Rey. Mientras que en septiembre, el equinoccio de otoño revelaba un fascinante evento heliolítico, pues el sol se ocultaba brevemente tras las rocas para renacer de nuevo.
En 1973, este sitio fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional y, más tarde, en 1985, fue clasificado como Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica. La Necrópolis de Arteara se erige como un testimonio perdurable de la riqueza de la antigua cultura canaria en este valle oculto.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por Mutabor
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