El castillo de Ciria, en la localidad de Ciria, Soria, sirvió como fortaleza estratégica, cambiando de manos entre gobernantes castellanos y aragoneses. Esta historia profundiza en las luchas de poder, los hombres que lucharon por él y el legado que permanece.
En 1395, Juan Hurtado de Mendoza tomó el control de Ciria, pese a la resistencia de Ágreda. Catorce años después, los aragoneses se apoderaron de Ciria y Borobia, para ser recuperados nuevamente por los castellanos tras la Paz de Nápoles en 1437.
En 1443, el castillo fue aportado por doña Aldara, pariente de don Álvaro de Luna, junto con su dote de boda. El castillo de Ciria mide aproximadamente 10 metros de longitud por 1 metro de anchura. La estructura, rellena de piedras calizas irregulares, se mantiene con una argamasa de cal y canto, con pequeños guijarros de cuarzo que actúan como adhesivo.
El castillo presenta unos treinta merlones, algunos con punta de diamante. Aunque no dispone de torre del homenaje ni de torres laterales, cuenta con una puerta de acceso.
El título de Marqués de Ciria se creó en 1771 y fue otorgado a don José Pedro de Luna. La sucesión del Marqués de Ciria llegó hasta el vizconde de Eza, don Luis Marichalar y sus descendientes, el actual conde de Ripalda.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por Nik Frost
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