La Iglesia de la Asunción, o más comúnmente conocida como Iglesia Vieja, fue un templo consagrado en 1540 en el municipio español de Yecla. Cayeron en el abandono durante la Guerra Civil Española, pero fue reconstruida en la década de 1980.
El edificio, de estilo gótico y renacentista, destaca principalmente por una misteriosa estatua en la cima de la torre. Se dice tradicionalmente que la estatua representa a la Virgen María y está tallada en piedra roja. Sin embargo, este no es su rasgo más impactante.
Para conocer los orígenes de esta estatua, debemos remontarnos al inicio de la construcción de la iglesia, a mediados del siglo XVI. En aquel entonces, la campana que corona la torre era un artefacto sagrado. Fue forjada para ahuyentar a los invasores españoles que avanzaban sobre las zonas del sur de la península ibérica. Los sacerdotes que dirigieron la construcción la trajeron desde la cercana región de Valencia y, hasta el día de hoy, el mecanismo que la elevaba permanece conservado en la iglesia.
No obstante, los invasores nunca llegaron. En los años siguientes, la iglesia siguió siendo utilizada por los habitantes de Yecla, como se aprecia en la coexistencia de las arquitecturas gótica y renacentista. A finales del siglo XVIII, el templo se convirtió en blanco del sentimiento anticlerical, reflejando las disputas entre católicos y protestantes en el resto de Europa. Finalmente, la iglesia fue profanada y abandonada.
No fue sino en 1936, durante la Guerra Civil Española, cuando la iglesia fue saqueada e incendiada. El edificio permaneció en ruinas hasta la década de 1980, cuando fue restaurado bajo la dirección del arquitecto regional Andrés Terol.
Y así, la historia de la campana y la estatua de piedra en la cima de la torre de la iglesia de Yecla sigue siendo un misterio fascinante. La única certeza es que la bola de hierro, por razones desconocidas, ha conservado su lugar en lo alto de la iglesia desde los días de los herreros valencianos.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por Nicolo Ciampini
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