Mientras recorría las avenidas de Austin, Texas, me sentí atraído por el hechizante encanto de la Millett Opera House. Como una reliquia caprichosa en medio de la espl endorsura contemporánea, esta sensual belleza nació en 1878 bajo la visión de Charles Millett. Las manos maestras de Frederick Ruffini la esculpieron para que fuera uno de los escenarios más grandiosos de Texas, con capacidad para 800 personas y paredes que vibraban con el ritmo de la piedra caliza de 24 pulgadas. Cada rincón susurraba los secretos de un techo pintado a mano, una oda a los artistas y a su dedicación.
Esto era más que simple entretenimiento; era un testimonio de una comunidad bulliciosa y animada que prosperó en la década de 1950. En 1950, la Opera House se enfrentó a un pronóstico funesto, pero la determinación inquebrantable de algunos soñadores apasionados de Austin la salvó de la ruina, reclamando su gloria desde 1940 a las Austin Public Free Schools. A lo largo de las décadas siguientes, la Opera House funcionó como una empresa de impresión, deslizándose lentamente hacia el deterioro. Pero en 1979, el Austin Club tomó las riendas, otorgándole a la Opera House una segunda oportunidad.
Bajo su firme protección, fue restaurada y reimaginada como un santuario de historia de tres plantas. Una de las salas de reuniones conserva el mismo esplendor luminoso del techo original pintado a mano. Hoy, la Millett Opera House, una leyenda viviente, se erige con mucha gracia, como un símbolo eterno del pasado vibrante y colorido de Austin.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por No Other
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