La Abadía de Kelso, antiguos ocupantes de Cumbria, se integró en Escocia bajo la tutela de David I cuando este era Príncipe de Escocia. La abadía floreció como un actor de poder tanto local como nacional en la política, sirviendo como un santuario para los reyes. Ya en 1152, el Conde de Northumbria, Henry, halló su reposo final dentro de sus terrenos sagrados. Sin embargo, durante las Guerras de Independencia de Escocia, la abadía atravesó graves dificultades, con los ingleses infligiéndole una herida fatal en 1544. A pesar de la muerte del rey Jacobo II en 1460, en las cercanías de la abadía, el claustro continuó luchando durante varios años. No obstante, nunca recuperó plenamente su propósito religioso y enfrentó un declive constante. A medida que pasaron los siglos, el patrimonio escocés de la abadía persistió, con un pequeño grupo de monjes que se mantuvo hasta la Reforma Escocesa.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por Nicolo Ciampini
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