Situada en la Piazza San Francesco, la Basílica de San Francisco, una estructura que data de 1228-1255, se amplió durante los siglos XIV-XV, transformándose en un colosal edificio gótico. Sin embargo, la arquitectura pasa a un segundo plano ante el peculiar suceso ocurrido en 1730. El misterio sobrenatural gira en torno a un milagro eucarístico en el que se hallaron íntegras unas hostias que habían desaparecido de la Basílica. Hasta el día de hoy, la identidad del culpable y sus motivos permanecen en el anonimato.
No obstante, vale la pena explorar los matices arquitectónicos de la iglesia. La basílica, que sigue el plano de Cruz Egipcia, responde a la necesidad de las Órdenes Mendicantes de disponer de amplios espacios comunales. Lamentablemente, un incendio en 1655 y la restauración de 1885-1892 provocaron la demolición de muchos altares barrocos, aunque algunas pinturas han regresado recientemente. La fachada neogótica, erigida a principios del siglo XX, sustituyó la decoración de mármol medieval y el portal del siglo XV.
El arte que decora la iglesia es particularmente intrigante. La Madonna con el Niño de Jacopo Zucchi, una expresiva Crucifixión de Pietro Lorenzetti y una Oración de San Tiago de Giuseppe Nicola Nasini son solo algunos ejemplos entre la serie de obras maestras expuestas. La contracementa de la iglesia alberga dos sepulcros del siglo XIV y dos grandes frescos fragmentarios de las puertas de la ciudad, Porta Romana y Porta Pispini. Para los entusiastas de la arquitectura, el plano de Cruz Egipcia y la gran fachada neogótica de la basílica ofrecen un estudio fascinante.
Fuentes: Wikipedia, OpenStreetMap, Wikidata, Wikimedia Commons
Escrito por Nicolo Ciampini
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